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viernes, 10 de abril de 2015

Los mitos imperialistas sobre la creación de las democracias populares de Europa del Este

Mátyás Rákosi durante un discurso en 1952

«Examinemos ante todo el rol de la Unión Soviética en el establecimiento de la democracia popular húngara, así como la afirmación de los imperialistas de que habría sido la «intervención violenta» de la Unión Soviética liberadora la que habría establecido el rol dirigente de los Partidos Comunistas y habría hecho posible la creación de la dictadura del proletariado. 

Fue el señor Churchill el primero en lanzar esta acusación, a comienzos de 1946. En una respuesta tajante, el camarada Stalin explicó de una manera profunda en aquel entonces que el crecimiento de los partidos comunistas era la consecuencia natural de la lucha heroica sostenida por estos partidos contra los bárbaros fascistas en los países ocupados; lucha que ha tenido como resultado un serio acrecentamiento de su influencia, aún ahí donde –como en Francia, Italia y otras partes no fue la Unión Soviética la que expulsó a los fascistas. La calumnia referida desapareció por cierto tiempo, pero fue retomada vigorosamente más tarde y constituye hoy, por así decir, el caballo de batalla, el eje mismo de la propaganda enemiga.

¿Cuál es el rol de la Unión Soviética en la formación de la democracia popular? El ejército de la Unión Soviética nos liberó también a nosotros del cruel yugo de los fascistas alemanes y sus servidores del Partido de la Cruz Flechada [partido de inspiración fascista y pro hitleriano - Anotación de Bitácora (M-L)]. De esta manera abrió la vía del desarrollo democrático. Está claro que la lucha heroica y la victoria de la Unión Soviética constituyeron la condición previa decisiva, el punto de partida de la creación de nuestra democracia popular: sin esta lucha, sin esa victoria, la democracia popular no habría podido ser realizada. La conciencia de este hecho es hoy día común a todo el pueblo trabajador húngaro y constituye la fuente de su eterna gratitud. Las fuerzas armadas de la Unión Soviética cortaron de cuajo toda esperanza de éxito a las tentativas armadas de la reacción húngara, tentativas del tipo de las de Koltchak, Denikin y otros generales guardias blancos durante la revolución rusa. Es en primer lugar gracias a las fuerzas armadas de la Unión Soviética que la contrarrevolución no osó recurrir a esos medios sangrientos para restablecer su poder. Fue el Ejército Soviético el que igualmente nos ha protegido de la intervención imperialista. Fue la Unión Soviética la que nos defendió contra la injerencia diplomática de las grandes potencias occidentales, la que nos apoyó cuando la conclusión del tratado de paz; ella nos ayudó a establecer y consolidar nuestras relaciones en política exterior. Naturalmente estos hechos contribuyeron a reforzar la influencia comunista, acrecentando la simpatía de nuestro pueblo trabajador con respecto a la Unión Soviética y facilitando por eso nuestro propio trabajo. En el período de la reconstrucción y también después, el apoyo y la ayuda de la Unión Soviética se manifestaron de mil formas; es evidente que la gratitud con la que nuestro pueblo trabajador ha respondido a ese apoyo significó también una importante ayuda para nosotros. Lo que constituyó la ayuda más importante han sido las enseñanzas y los consejos que hemos recibido, en situaciones difíciles y complicadas, de nuestro educador esclarecido y gran guía, el gran Stalin; consejos que siempre se probaron buenos y justos, concebidos en interés de nuestro sufrido pueblo trabajador húngaro.

Sin esos factores nuestra democracia popular no hubiera visto la luz, su desarrollo no hubiera podido ser tan rápido ni tan vigoroso, exento de sacudidas violentas.

Las «intervenciones» soviéticas en los asuntos de nuestra patria fueron muy frecuentes y resultaron grandemente útiles al reforzamiento de nuestro partido, pero en un sentido muy diferente al que los imperialistas le quieren atribuir. La Unión Soviética intervino renunciando a la mitad de las reparaciones; permitiendo a nuestros prisioneros de guerra volver a la patria antes del término fijado por el tratado de paz; poniendo en marcha nuestra industria y dotándola de materias primas en una época en la que nos hubiera sido imposible procurarlas en otra parte; enviándonos víveres cuando nos faltaban. Y puesto que estos pasos generosos y previsores fueron realizados, en la mayor parte de las veces a raíz de iniciativas públicas de nuestro partido, claro que contribuyeron a aumentar nuestra popularidad.

Naturalmente no es en una intervención de este género en la que piensan los imperialistas, sino en acciones armadas sangrientas, como por ejemplo la emprendida por el gobierno «laborista» inglés o el gobierno de Truman contra los combatientes griegos por la libertad, con miras a reimponer sobre las espaldas del pueblo al rey monarco-fascista que éste había expulsado. «Intervenciones» de este tipo son practicadas todos los días por los imperialistas, constituyen elementos constantes del arsenal del «mundo libre», son inseparables de la aplicación de la «democracia verdadera». Es justamente por eso que hechos así jamás se produjeron de parte de la Unión Soviética en Hungría ni en las otras democracias populares; el enemigo no puede citar un solo ejemplo, lo cual no le impide, sin embargo, continuar propagando la calumnia de la «injerencia soviética».

Lo repetimos: sin la heroica lucha liberadora de la Unión Soviética, sin su apoyo incesante y pleno de buena voluntad, la democracia popular húngara –y podríamos agregar lo mismo para las otras democracias populares– no hubiera podido ser establecida. Pero tampoco hubiera podido ser establecida si el Partido Comunista Húngaro, gracias a su trabajo pleno de abnegación, gracias a su ejemplo, gracias a la defensa tenaz y exitosa de los intereses de los trabajadores, gracias a la lucha librada victoriosamente contra la reacción, no hubiera ganado a la gran mayoría de la clase obrera, al grueso del campesinado, a la parte más importante del pueblo trabajador. El que no comprenda esto no comprende el rol de nuestro partido, ni en general el rol de los partidos comunistas; niega en esencia ese rol decisivo y por eso, quiéralo o no, se reúne finalmente con aquellos que atribuyen la creación de las democracias populares exclusivamente a la «injerencia soviética». (Mátyás Rákosi; El camino de nuestra democracia popular, 1952)

viernes, 20 de marzo de 2015

El camino de nuestra democracia popular; Mátyás Rákosi, 1952

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«El ejemplo yugoslavo nos enseñó que quien se separa de la gran familia de los pueblos defensores de la paz y edificadores del socialismo se transforma inevitablemente en sirviente del imperialismo y será tratado con el desprecio reservado a los traidores y renegados, tanto por sus amos imperialistas como por los pueblos liberados». (Mátyás Rákosi; El camino de nuestra democracia popular, 1952)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

La publicación de la presente obra de Mátyás Rákosi facilitada por la Biblioteca Marxista Sergio Barrios se debe a la necesidad de dar una verdadera visión de las democracias populares de Europa del Este, y en este caso de la República Popular de Hungría, de 1944-1953, y sus características propias.

Algo en lo que hemos insistido siempre, es que los marxista-leninistas debemos estudiar cada revolución en particular, no podemos caer en este caso, en la trampa de aceptar el mito de la historiografía burguesa y revisionista sobre que los países de Europa del Este fueron «revoluciones montadas desde el exterior con modelos calcados, impuestos por el imperialismo soviético de Stalin». Esto es una necedad. Aparte de que no hace falta comentar la falta de respeto por el hecho de considerar las revoluciones populares allí ocurridas como consecuencia de una mera «injerencia exterior», debemos añadir que cada país: Bulgaria, Hungría, Albania, Polonia etc., han tenido en sus desarrollos unas condiciones  objetivas no sólo económicas sino políticas muy diferentes entre sí, lo que hace imposible que estas revoluciones pese a basarse sus partidos comunistas dirigentes en el marxista-leninismo tengan un mismo desarrollo. De igual forma el factor subjetivo en cada país era diferente, ni  los partidos comunistas estaban entre sí igual de desarrollados, igual de templados en la lucha, o tenían la misma influencia en la sociedad, ni tampoco eran iguales estas mismas características entre los  partidos burgueses y pequeño burgueses de aquellos países.

Acorde el lector vaya introduciéndose en la lectura del presente texto pueden que le asalten varias dudas y preguntas sobre el proceso húngaro que precisamente el autor del texto no responde del todo, o más bien no se extiende del todo en esta obra por las razones que fueran. Por ejemplo: 1) ¿Que concepción tenían los húngaros sobre la dictadura del proletariado? ¿Cuando se cristalizo tal dictadura en el país? ¿En base a que lucha? ; 2) ¿Cómo se avanzó en el desarrollo económico del país desde el fin del fascismo horthysta-szálasistas con la liberación del Ejército Rojo de la Unión Soviética?; 3) ¿En lo político como fue el desarrollo de las diferentes elecciones políticas tras la posguerra? ¿Cuál fue  la influencia comunista en esos gobiernos? 4) ¿Cómo se tomó entre los comunistas húngaros la cuestión política de la existencia del resto de partidos en la democracia popular?; 5) ¿Qué medidas tomaron los comunistas para fusionarse en un mismo partido con el ala izquierda socialdemócrata para garantizar el grado revolucionario y marxista-leninista del nuevo partido?; 6) ¿Qué significado tuvo las tácticas de frente de modo defensivo y ofensivo durante 1944-1953?; 7) ¿Cómo se tomó la cuestión de la destrucción de la vieja maquinaria estatal burguesa y la creación del nuevo poder estatal del proletariado? ¿Por qué medios se sustituyeron?; 8) ¿Qué debilidades teóricas surgieron y corrigieron los comunistas húngaros durante todo este periodo de agitación social y política?

lunes, 10 de noviembre de 2014

Mátyás Rákosi sobre la inevitable agudización de la lucha de clases en la democracia popular


«El Partido Obrero Húngaro es plenamente consciente que un avance pacífico de los elementos capitalistas hacia el socialismo es impensable. Las restricciones impuestas a los elementos capitalistas, limitándolos y eliminándolos gradualmente, se traducirá inevitablemente en el resultado de una resistencia de su parte y dará lugar a una agudización de la lucha de clases.

En la medida que los grandes terratenientes y capitalistas pierden sus posiciones económicas, sus puntos fuertes sociales y políticos, ellos van a recurrir cada vez más y más a formas de sabotaje, espionaje, conspiración y acciones armadas contra la democracia. Y aunque las masas trabajadoras que libran su lucha contra la reacción, tengan en sus manos la máquina del Estado, ellos saben que la lucha entre las fuerzas democráticas que avanzan al socialismo y las fuerzas de las reacción que se esfuerzan por restaurar el capitalismo no se decidirá sino se elimina el poder político y económico de los elementos capitalistas, y hasta que se elimine a los imperialistas extranjeros que continúan ayudando a restaurar a la reacción.

Por consiguiente, los intereses de las democracias populares requieren de un fortalecimiento de los órganos de seguridad estatal, la policía, y una eterna vigilancia y predisposición para la lucha del pueblo, la clase obrera y el partido
». (Mátyás Rákosi; Discurso en el Congreso de Unificación del Partido de los Trabajadores Húngaros, 12 de junio de 1948)